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Archive for 28 mayo 2011

(Texto resúmen del artículo ‘La conquista romana de la Montaña Palentina: el asedio de La Loma (Santibáñez de la Peña), escrito por Eduardo Peralta Labrador y publicado en el número 2 de la Colección de Historia Montaña Palentina, de Aruz Ediciones, en 2008).

Las guerras cántabras
El norte de la actual provincia de Palencia fue el escenario en el que se desarrollaron algunos de los principales episodios de las guerras cántabras. Este área estuvo ocupado en la Antigüedad por una parte de los cántabros, con los que limitaban por el sur los vacceos y los turmogos asentados en las llanuras cerealísticas. Durante los comienzos de su mandato el emperador Octavio Augusto Roma declaró la guerra a los cántabros y los astures y entre los años 29 y 16 a.C. dirigió una serie de duras campañas para someterlos. Cántabros y astures se rehicieron en reiteradas ocasiones para hacer frente a las legiones, después de que los romanos les hubieran considerado definitivamente derrotados.

Evidencias arqueológicos en el norte de Palencia
Nada se conocía arqueológicamente sobre estas guerras hasta hace poco. En los últimos años, gracias a las prospecciones del investigador Miguel Angel Fraile, del arqueólogo Manuel García Alonso y de Eduardo Peralta y su equipo en el territorio de los antiguos cántabros, se han ido descubriendo en el norte de la provincia de Palencia, en Cantabria y en el norte de Burgos una serie de yacimientos de excepcional importancia. En ellos se han podido documentar algunos de los principales teatros de operaciones de las guerras cántabras. Paralelamente, un equipo de arqueólogos asturianos ha descubierto e investigado otras evidencias militares del mismo período correspondientes a las campañas contra los astures.

Bastión de las murallas del castro (Foto E. Peralta).

Por lo que se refiere a la provincia palentina, en el área del Alto Pisuerga se ha constatado la existencia de varios campamentos romanos de época augústea. Varios de ellos están relacionados con el control de dicho territorio y con el ataque al importante oppidum cántabro de Monte Bernorio (Villarén, Pomar de Valdivia). El principal de estos campamentos es el de Castillejo o La Lastra (Pomar de Valdivia), descubierto por Miguel Angel Fraile, y en el que se han desarrollado dos campañas arqueológicas que permitieron estudiar sus estructuras y que proporcionaron materiales militares romanos de inicios del principado de Augusto. Las recientes excavaciones en el Bernorio por miembros del Instituto de Estudios Prerromanos y de la Antigüedad de Cantabria y de la Universidad Complutense de Madrid han descubierto una serie de evidencias arqueológicas que prueban que fue asaltado y ocupado por el ejército romano.

Sin embargo, el descubrimiento más espectacular, debido igualmente a la labor de exploración de Miguel Angel Fraile, ha tenido lugar más recientemente en Santibáñez de la Peña. Al sur de esta localidad palentina se alzan los altos de La Loma. En ellos son visibles todavía los restos de las fortificaciones de asedio del ejército romano a un castro cántabro. Entre los años 2003 y 2007 se desarrollaron varias campañas arqueológicas en este conjunto de La Loma que han arrojado importante información sobre el castro cántabro y el asedio de las legiones romanas. (más…)

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El pasado 31 de abril, con motivo de las fiestas de la Cruz de Mayo de Cubillo de Castrejón, la comisión de fiestas de Ardetama organizó diferentes actividades.

Entre ellas se puede citar un partido de fútbol entre jóvenes de Cubillo y de Castrejón de la Peña y una exposición fotográfica realizada por Wifredo Roman de todas las familias del pueblo.

De las 18 a las 20 horas, gracias a la colaboración de Fortunato, vecino de Loma que nos dejó un juego de bolos y seis bolas, pudimos enseñar unas nociones básicas del deporte tradicional del bolo llano, además de jugar cuatro partidas de seis contra seis. La recuperación de juegos y celebraciones tradicionales como el bolo llano es uno los objetivos que desde su aparición se marcó la asociación Ardetama.

A partir de las 19:30 horas se realizaron dos juegos para los niños. Aunque había previstos tres juegos más, la adversa climatología impidió que se pudieran llevar a cabo.

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El torreón de San Román constituye hoy el único vestigio que el tiempo nos ha legado del monasterio de San Román de Entrepeñas, cenobio que recibió este apellido por el lugar en el que se alzaba y cuya primera cita documental aparece en un legado que Ordoño II hace, en el año 916, al Obispado e Iglesia de León, de numerosas iglesias y bienes entre los que se cita éste.

Sólo unos años más tarde, en el 940, del conde Diego Muñoz y su esposa Tegridia proceden a su restauración y ampliación, acto que, además de dar muestras de que San Román cargaba ya con varios años a sus espaldas –imposibles de concretar– que lo habían envejecido, marca el comienzo de la época de mayor esplendor del monasterio y le convierte en un centro de poder religioso y económico de primer orden, con importantes posesiones y que gozaba incluso de la protección de significados señores de la época.

Durante un siglo y medio San Román de Entrepeñas adquiere, así, un papel relevante en la Repoblación, pero la Historia corre veloz, los reinos cristianos desplazan sus intereses y la hasta entonces abadía benedictina pierde su independencia y protagonismo, es absorbida por la Orden de Cluny y se convierte en un priorato para pasar definitivamente a depender del monasterio de San Zoilo de Carrión de los Condes.

Tocado de muerte, el monasterio de San Román de Entrepeñas comienza un lento deterioro que culmina con su abandono definitivo en 1836, debido a la Desamortización de Mendizábal.

Tras de sí, este cenobio nos deja unas cuantas referencias documentales que reflejan su importancia histórica, alguna que otra interesante leyenda y su viejo torreón, baluarte defensivo en cuyos ventanucos perviven, según algunos expertos, las primeras muestras del arte románico peninsular.

Por ello y por todo lo que representa, desde ARDETAMA nos hemos propuesto conseguir para el torreón de San Román la Declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de ‘Sitio Histórico’, por parte de la Junta de Castilla y León, para, a partir de ahí, rescatarlo del olvido, dotarlo de la protección que merece e incluso promover su rehabilitación, así como la del idílico entorno natural en el que se enclava. Y es que, a pesar de su aparente robustez, las inclemencias meteorológicas de la zona, el absoluto abandono de las administraciones y el afán de algunos por llevarse “un pedacito de historia” a casa, ya han resquebrajado su techo, su puerta y partes de su fachada.

QUEREMOS EVITAR, ENTRE TODOS, QUE ESTE PEDAZO DE NUESTRA HISTORIA SE DERRUMBE ANTE NUESTROS OJOS IMPASIBLES.

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