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Archivos de la categoría ‘San Román de Entrepeñas’

DSC_2895Desde ARDETAMA (Asociación para la Recuperación y el Fomento del Patrimonio del Territorio Tamárico), entendemos que las fiestas de un pueblo también son un buen momento para hacer reivindicaciones en pro del desarrollo de dicha localidad.

Desde hace varios años se encuentran pendientes de resolución, en la Junta de Castilla y León, los expedientes de solicitud de B.I.C. (Bien de Interés Cultural) para el Yacimiento Arqueológico de “La Loma” y el enclave del Monasterio de San Román de Entrepeñas, ambos localizados en el municipio de Santibáñez de la Peña.

ARDETAMA, en su empeño por lograr sus objetivos estatutarios, ha mantenido reuniones institucionales con el alcalde de Santibáñez, el Presidente de la Diputación, la Diputada de Cultura y el Delegado de la Junta. En dichas reuniones se ha mostrado, con la ayuda de la empresa “ARBOTANTE Patrimonio e Innovación SL”, el proyecto de reanudación de las campañas de excavación del Castro y se ha insistido en la reactivación de los expedientes de B.I.C. antes citados. Se ha abierto una línea de colaboración con la Universidad de Valladolid y, actualmente, se está intentando conseguir fondos para financiar la campaña de restauración, previa a las excavaciones, que exige la Junta para poder iniciar los trabajos.

La importancia de ser declarado B.I.C. radica, entre otras cosas, en que se puede solicitar financiación con cargo al “uno por ciento cultural”. Becerril de Campos, por ejemplo, ha conseguido recientemente por esta vía, del Ministerio de Fomento, más de un millón de euros para la rehabilitación de su Iglesia de San Pedro. Con un montante de esa magnitud, el yacimiento del asedio del Castro de la Loma, o sea, Tamárica, luciría en todo su esplendor y sería el referente arqueológico del noroeste de la provincia, como poco.

Los yacimientos de “Monte Cildá” y “Monte Bernorio”, en la zona noreste palentina, ya fueron declarados B.I.C. en su día. Sin entrar en valoraciones, creemos que el Castro de la Loma y San Román de Entrepeñas merecen por sí mismos idéntico tratamiento.

El Castro de la Loma es un yacimiento único en su especie, perfectamente conservado, donde se ha recogido la mayor colección de flechas del mundo romano. El paisaje no ha cambiado prácticamente nada en dos mil años y sus posibilidades de desarrollo económico-cultural para la comarca son inmensas.
El Monasterio de San Román de Entrepeñas está documentado desde el siglo X y fue clave en el proceso de repoblación de toda la comarca, además de un motor económico. No en vano fue un arciprestazgo al que rendían tributo 33 poblaciones. Por otra parte, se halla en un paraje telúrico, mágico diría, con un potencial turístico impresionante. Además, su cada vez más deteriorado torreón románico no es, ni más ni menos, que el emblema del escudo de Santibáñez de la Peña.

Recordamos que el proyecto de ARDETAMA ha sido apoyado institucionalmente por la mayoría de los ayuntamientos de la Comarca. Ahora sólo falta que las buenas palabras y gestos de las instituciones provinciales y regionales se traduzcan en hechos: la declaración de B.I.C. de los yacimientos citados y la concesión de permisos para reiniciar los trabajos en La Loma serían una excelente noticia para Santibáñez, la comarca y el resto del territorio nacional, ya que la cultura no conoce fronteras.

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Aprovechando su visita a la Montaña Palentina, con motivo del reestreno de su Himno a Guardo para Banda y Orquesta, el ilustre compositor Claudio Prieto, acompañado de su esposa, hizo una visita al yacimiento del Castro de la Loma y al Monasterio de San Román de Entrepeñas, ambos en el municipio de Santibáñez de la Peña. No en vano, Prieto es Socio de Honor de ARDETAMA (Asociación para la Recuperación y el Desarrollo del Territorio Tamárico), cuyo presidente, Javier Castrillo, ejerció de guía en dicha visita. El compositor se mostró gratamente sorprendido por la envergadura y trascendencia histórica de ambos yacimientos y animó a los miembros de ARDETAMA en su lucha por conseguir que ambos sean declarados Bienes de Interés Cultural (B.I.C.); por el reinicio de las excavaciones en El Castro y la puesta en valor de dichos yacimientos, como exponente fundamental que son de la historia de nuestra provincia y nuestra nación.

En este sentido, ARDETAMA está haciendo sus deberes y, tras recabar el apoyo institucional de varios ayuntamientos de la comarca, ha conseguido lo propio de la Delegación de la Junta y de la Diputación de Palencia. El Delegado, Luis Domingo, se ha mostrado muy interesado en potenciar el proyecto que ARDETAMA, asesorada por el equipo de arqueólogos de ARBOTANTE, está desarrollando para el reinicio de las excavaciones, interesándose por el estado de las peticiones de B.I.C. cursadas y ofreciéndose a facilitar e intermediar en la concesión de permisos para el acometimiento de los trabajos.

Por su parte, la Responsable de Cultura de la Diputación, Carmen Fernández, se ha comprometido en un reciente encuentro con ARDETAMA a llevar al pleno de la institución la petición de agilización de las solicitudes de B.I.C. mentadas; realizar una visita institucional a estos yacimientos y colaborar en la medida de sus posibilidades en proyectos relacionados con la promoción y divulgación de los mismos.

Actualmente, ARDETAMA, con el asesoramiento técnico de ARBOTANTE, está evaluando las posibilidades que ofrece el enclave para, posteriormente realizar un proyecto de actuación en la zona. Se está trabajando duro en este sentido, de cara a tenerlo todo preparado con vistas a la campaña de excavación y consolidación que sería idóneo iniciar el próximo 2013.

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San Román-Almanzor
Deshaciendo un entuerto

Por Luis Manuel Mediavilla de la Gala

En lo últimos tiempos está tomando carta de naturaleza, como verdad histórica, entre los entendidos, lo que, en su momento, no pasó de ser una teoría. Me refiero a la aventurada hipótesis de la destrucción, por Almanzor, del monasterio de San Román de Entrepeñas y el castillo próximo al mismo. Tal teoría se basó en el título de una de las campañas de ese caudillo moro, bautizada en sus Crónicas con el nombre de San Román, así, a secas.

El texto que refiere esa campaña, es corto y escueto:

La quadragésimoguinta, la de San Román, en la que realizó una gran matanza y obtuvo muchos cautivos, regresando posteriormente.

Eso es todo, según la traducción que nos ofrece el arabista Luis Molina. Por el orden en que se halla esta reseña, ha sido situada en torno al año 995.

Pues bien, la posibilidad esbozada de que se refiere a San Román de Entrepeñas, se basa, casi exclusivamente, en el nombre que ostenta, olvidando que en el noroeste de Castilla y León existen otros doce lugares que llevan el nombre de San Román, siendo el de Entrepeñas el más norteño y oriental de todo ellos, es decir, el más alejado de las rutas y objetivos que seguía y perseguía Almanzor, contra el rey de León.

Una razón de peso que se aduce es el silencio documental sobre San Román de Entrepeñas que sigue al año 995, dicen debido a la destrucción del monasterio, obviando que, entre el anterior y a la vez primer documento sanromaniano (año 940) y la citada campaña (año 995), median 55 años de silencio documental, mientras que entre esa fecha y el segundo documento (año 1022), tan solo median 27.

Otro argumento del mismo peso, para rechazar otros enclaves, lo basan en que en ellos no había castillo, obviando que la historia recoge numerosos casos de lugares y monasterios ‘sin castillo’, pero arrasados por Almanzor, como luego veremos.

A parte de la debilidad manifiesta de estos argumentos, existen razones, unas objetivas y otras muy sensatas, en contra de esa remotísima posibilidad de la destrucción de los citados enclaves de Entrepeñas y sí, a favor, mucho más evidente, de otro lugar del mismo nombre.

Comenzando por las segundas de esas razones, no parece lógico, ni siquiera posible, que el gran Almanzor partiera desde Córdoba, con todo su ejército, y bautizara la campaña con el nombre de tan desmedrado objetivo: el de una minúscula fortaleza y el del aún más reducido monasterio, para menor gloria suya. También, debemos tener en cuenta que, poco o nada había aquí que tentara su codicia o su ambición, ni riquezas que expoliar, ni milicias que derrotar.

Por otro lado, sabemos que el conde de Saldaña, García Gómez, fue aliado del propio Almanzor y, aunque si bien es verdad que éste llegó a tomar represalias contra el conde, también lo es que, cuando obligó a huir a Bermudo II, dejó al conde como gobernador del reino, lo que le llevó a soñar con el trono leonés, según sostiene A. Carretero.

Los seguidores de dicha teoría prescinden o ignoran que el citado traductor de las mencionadas Crónicas da noticia de una antigua tradición, según la cuál Almanzor había arrasado San Román de Hornija, población situada en el occidente de la provincia de Valladolid. Este objetivo sí que pudo dar gloria y justificar la denominación de la citada campaña, pues, aparte de ser lugar y comarca mucho más ricos y poblados que la de Entrepeñas, era cuna y solar de reyes godos: Chindasvinto estaba enterrado en el monasterio de ese lugar y Wamba había nacido y vivido, hasta su nombramiento como rey, en una población muy próxima.

Aún quedan por exponer los alegatos más sólidos contra la tal aventurada teoría de la llegada de Almanzor hasta tierras de Entrepeñas; los antiguos historiadores de la Orden de San Benito (Sandoval y Florez), describen la destrucción de los monasterios de Sahagún, Eslonza, San Román de Hornija y otros, todos sin castillo al lado, pero nada dicen de San Zoilo de Carrión, ni de San Román de Entrepeñas, y parece lógico pensar que, si hubieran seguido la misma suerte que los mencionados, lo habrían registrado, sin duda alguna. Por añadidura, Pérez de Urbel, al referirse en su Historia del Condado de Castilla a las campañas de Almanzor, repasa la destrucción de lugares y monasterios, sin incluir tampoco a San Zoilo, ni por supuesto a San Román de Entrepeñas.

Valgan estas líneas para desechar la teoría y apartarla de la historia de San Román de Entrepeñas, y, aún más, de la especie de aureola, lamentable aureola, que algunos parecen pretender colgar a nuestro monasterio. Realmente, no puede admitirse como hipótesis, ni casi como remota posibilidad, salvo que aparezcan o se aporten más y mejores argumentos.

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El torreón de San Román constituye hoy el único vestigio que el tiempo nos ha legado del monasterio de San Román de Entrepeñas, cenobio que recibió este apellido por el lugar en el que se alzaba y cuya primera cita documental aparece en un legado que Ordoño II hace, en el año 916, al Obispado e Iglesia de León, de numerosas iglesias y bienes entre los que se cita éste.

Sólo unos años más tarde, en el 940, del conde Diego Muñoz y su esposa Tegridia proceden a su restauración y ampliación, acto que, además de dar muestras de que San Román cargaba ya con varios años a sus espaldas –imposibles de concretar– que lo habían envejecido, marca el comienzo de la época de mayor esplendor del monasterio y le convierte en un centro de poder religioso y económico de primer orden, con importantes posesiones y que gozaba incluso de la protección de significados señores de la época.

Durante un siglo y medio San Román de Entrepeñas adquiere, así, un papel relevante en la Repoblación, pero la Historia corre veloz, los reinos cristianos desplazan sus intereses y la hasta entonces abadía benedictina pierde su independencia y protagonismo, es absorbida por la Orden de Cluny y se convierte en un priorato para pasar definitivamente a depender del monasterio de San Zoilo de Carrión de los Condes.

Tocado de muerte, el monasterio de San Román de Entrepeñas comienza un lento deterioro que culmina con su abandono definitivo en 1836, debido a la Desamortización de Mendizábal.

Tras de sí, este cenobio nos deja unas cuantas referencias documentales que reflejan su importancia histórica, alguna que otra interesante leyenda y su viejo torreón, baluarte defensivo en cuyos ventanucos perviven, según algunos expertos, las primeras muestras del arte románico peninsular.

Por ello y por todo lo que representa, desde ARDETAMA nos hemos propuesto conseguir para el torreón de San Román la Declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de ‘Sitio Histórico’, por parte de la Junta de Castilla y León, para, a partir de ahí, rescatarlo del olvido, dotarlo de la protección que merece e incluso promover su rehabilitación, así como la del idílico entorno natural en el que se enclava. Y es que, a pesar de su aparente robustez, las inclemencias meteorológicas de la zona, el absoluto abandono de las administraciones y el afán de algunos por llevarse “un pedacito de historia” a casa, ya han resquebrajado su techo, su puerta y partes de su fachada.

QUEREMOS EVITAR, ENTRE TODOS, QUE ESTE PEDAZO DE NUESTRA HISTORIA SE DERRUMBE ANTE NUESTROS OJOS IMPASIBLES.

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